miércoles, 17 de enero de 2007

Los políticos palanganeros

Nieva en California y en las estaciones de esquí europeas parece primavera: ni un perdido copo de nieve. Se suceden los fenómenos catastróficos: tifones, huracanes, el Niño, inundaciones, riadas... Es el pan de cada día con que nos desayunamos al echarnos a la cara los diarios.

Pero hay quien niega el cambio climático. Quien no acepta el protocolo de Kyoto. El asunto es evitar que las empresas que contaminen paguen la factura que deberían pagar o mejor aún, que se adapten y adopten las medidas adecuadas para reducir el impacto que provocan en el medo ambiente

Y esto ocurre porque estamos entregando el mundo en mando de las transnacionales. Tras esa ola neoliberalista de privatizaciones, en que todos los gobiernos han cedido las joyas de la corona para que el sector privado se haga aún más rico y los ciudadanos más pobres y peor servidos: se ha descubierto claramente la falacia de que todo es mejor en el sector privado, aunque en esto abundaré en otro momento.

Y ya puestos a allanarles el camino triunfal hacia el mercado global, se recurre a todo tipo de estrategias: subvenciones directas para abaratar la producción y competir con ventaja, dumping para reventar los mercados locales vendiendo por debajo de los costes, facilidades para flexibilizar las plantillas, cada vez más cortas: es decir, despido libre, tipo USA.

Vemos, por ejemplo, a los agricultores destruir sus productos (los últimos las naranjas y cítricos valencianos), porque algunos, no tienen ni precio en el mercado y el productor, como mucho, se lleva un diez por ciento de lo que paga el consumidor final. Las grandes redes de distribución se llevan lo gordo y aprietan cada vez más los precios a los productores, merced a la fuerza que hacen por su ingente volumen de compra.

Y así nos va, peor que en el Medievo, cuando el agricultor pagaba un diezmo, la décima parte de su cosecha a la Iglesia, al señor feudal o a quienquiera que fuese el propietario del terreno o señor de la jurisdicción. Ahora de ese diezmo que le queda aún debe pagar impuestos.

Y mientras, una serie de políticos palanganeros de los consejos de administración de las grandes multinacionales, hacen de chicos de los recados, les llevan café, les conducen el coche después de hacerles la autopista y, por supuesto, jamás les llevan la contraria, faltaría más.

Esperemos, confiamos, que surja una nueva raza de políticos que miren por el interés de los ciudadanos, que no se amilanen ante el poderío económico y que frenen el carro loco y sin dirección en que nos están metiendo los que sólo quieren exprimir un mundo que cada vez está más flaco y más destrozado: en su medio ambiente, en el terreno laboral, en el social y hasta en el espiritual.




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