
Vemos a diario como la información que nos sirven es tan inexacta muchas veces, y tan manipulable y manipulada, otras, que cuesta saber lo que es bueno o conveniente entre tanta contradicción. De ahí la necesidad de tener el criterio suficiente para saber desgranar el trigo de la paja y lo posiblemente cierto, de lo irreal.
Pero, en cambio, han triunfado unas cosas y fracasado otras, muchas veces sin que el criterio de calidad fuese el determinante. Y los sistemas políticos dominantes, herencia de la filosofía del siglo XIX ya no responden a lo que debe demandarse por parte de unas sociedades, cada vez más formadas e informadas.
Siempre es bueno preguntarse si estamos usando la energía de modo eficiente, si las fuentes que usamos son las correctas, si la distribución de la riqueza es la óptima y deseable, si realmente gozamos de las posibilidades de desarrollo que deberíamos.
Porque cuando uno se pregunta eso, se da cuenta de que son necesarios muchos ajustes para lograr hacer de este planeta, cada vez más global, un lugar en el que todos podamos vivir, sin excepciones, un lugar en el que cada vez crece más un modelo de democracia participativa que se organiza en redes y que puede, si quiere, hacer cambiar las cosas. Y no es sólo un cambio tecnológico, el camino de la globalización se abre a todas las posibilidades, buenas y malas.
Todas estas ideas, estas intenciones, han tratado de ser recogidas en este blog, con mayor o menor acierto, a lo largo de estos últimos tres meses y ese seguirá siendo el camino a llevar en los próximos. Sólo con la pretensión de que alguno, por pura casualidad, se contagie de ese mismo espíritu, llene el mundo de interrogantes y señale nuevos caminos para transitar. Eso es todo.
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